NEGOCIS

Cuestión de velocidad

13-trentadies-pererosales-01

Por Pere Rosales

Cuenta la fábula que cada mañana en África una gacela se despierta pensando en ser más rápida que el más rápido de los leones para no terminar el día como alimento. Al mismo tiempo se despierta un león pensando en ser más rápido que la más lenta de las gacelas para no quedarse sin alimento. No importa si eres león o gacela, cuando despiertes ¡corre!

Sucede lo mismo con las empresas, siempre hay un consumidor o cliente que pide más. Más prestaciones, mejor precio, mejor servicio, mejor forma de pago, etc. No importa lo que una empresa corra, siempre hay una “gacela” que está fuera de su alcance y eso sucede cada vez más, en gran parte porque la información ya no está sólo en manos de unos pocos, sino al alcance de cualquiera.

De modo que un cliente que hace 10 años necesitaba preguntar al vendedor experto sobre las posibilidades de un producto, ahora es capaz de darle lecciones a éste sobre lo que puede hacer y lo que no.

Siguiendo el principio “darwiniano” de que sólo sobreviven las especies que se adaptan al entorno, la tecnología ha hecho que cobre una especial importancia la velocidad de ese proceso de adaptación. Hoy las empresas más fuertes, no son las más grandes, sino las más rápidas.

El tiempo que necesita una empresa para mejorar las habilidades que ya tiene adquiriendo unas nuevas, es su ventaja competitiva más importante. Por ello el “tempo” es clave y vale la pena acertar en la velocidad, pero todo a su tiempo, no vaya a ser que caigamos en alguna de estas tres trampas tan comunes:

En el mundo actual las empresas más fuertes no son las más grandes, sino las más rápidas

13-trentadies-pererosales-02

Precipitarse: querer correr más de la cuenta sin ser conscientes de nuestros recursos y sin pensar en los riesgos que suponen quedarse a medio camino y haber perdido una “gacela” cuando podríamos haber alcanzado a otra. Muchas jóvenes empresas suelen caer en este error.

La parálisis por el análisis: querer tenerlo todo tan claro que veamos como las buenas oportunidades pasan por delante y seamos incapaces de alcanzar ninguna. Muchas empresas grandes y jerarquizadas caen muy a menudo aquí.

Rezagarse: pensar que ya lo tenemos todo hecho y que llevamos mucha ventaja a los que nos siguen. La fábula de la liebre y la tortuga no puede ilustrarlo mejor. Sin embargo cada día vemos empresas que han ido perdiendo su ventaja competitiva sin darse apenas cuenta, y que cuando pretenden reaccionar para recuperar el terreno ya es demasiado tarde.

La lección que sacamos de esto es que lo importante no es correr más que nadie, sino tener claros nuestros objetivos y nuestras posibilidades. Respecto a los objetivos, quizás la decisión más importante es decidir a qué tipo de personas vamos a tratar de alcanzar y ser conscientes de que eso determinará la estrategia y los recursos necesarios.

Oportunidad o amenaza, cuestión de tiempo

El valor de algo, no es lo que cuesta, sino aquello a lo que renunciamos por conseguirlo. Muchas de las empresas que todavía no han integrado las nuevas tecnologías en sus procesos de trabajo, asumen que es su asignatura pendiente, pero prefieren seguir funcionando como hasta ahora, porque no les va tan mal.

El coste oportunidad que están pagando estas empresas, lo encontrarán en el camino cuando vean que un competidor les arrebata un cliente, o peor aún, cuando se reconozcan incapaces de ganar una propuesta por no estar en igualdad de condiciones que el resto de candidatos.

Una de las razones por las que estas empresas deciden no innovar y esperar a que lo hagan otros es el riesgo que supone equivocarse. Confunden error con fracaso, cuando el error es la única manera de aprender y el fracaso es creerse incapaces de conseguirlo.

Otras empresas se encuentran en una situación aún peor; todavía no son conscientes del riesgo que supone no hacer nada. Ignoran el coste oportunidad que están teniendo al no tratar de integrar los entornos de interacción y colaboración digital en sus procesos de trabajo.

La razón principal en muchos casos, se debe al escepticismo o reticencia de la dirección. Y es que por mucho que cambien las cosas fuera, si el liderazgo de la empresa no facilita la innovación, la compañía pagará las consecuencias, tarde o temprano.

13-trentadies-pererosales-03

El valor de algo no es lo que cuesta, sino aquello a lo que renunciamos para conseguirlo

Después de todo, lo único que se necesita para que la empresa innove es favorecerlo desde dentro. No importa cuánto esfuerzo se dedique al principio. El mero hecho de adoptar una actitud abierta a la innovación, ya supone unos beneficios tan visibles a corto plazo, que animará a cualquier directivo a seguir fomentándolo.

Algunos clientes me han confesado que han sido los primeros en sorprenderse al ver que tenían más talento en la empresa del que ellos suponían. El único riesgo es no arriesgarse. ¿Cuál es el coste oportunidad actual de tu empresa? ¿Sois lentos o rápidos? ¿Gacela o león? ¿Sois de los que se precipitan, de los que analizan y paralizan, o de los que se quedan atrás?

Pere Rosales es fundador y CEO de INUSUAL.  inusual.com, pererosales.com

Afegir comentari

Fes clic aquí per publicar un comentari


*

Articles relacionats

Si continua utilizando el sitio, usted acepta el uso de cookies. más información

La configuración de las "cookies" en este sitio web se activa para darle una mejor experiencia de navegación. Si continúa utilizando este sitio web sin cambiar la configuración de las "cookies" o sin hacer clic en "Aceptar" a continuación, usted está consintiendo a la misma el uso de dichos "cookies".

Cerrar