CREACIONS

1 hora 57 minutos

14-Cuento-Trentadies

Por Sirag Nabih  Ilustración Germán Gállego

Entonces le digo “Señor, por favor, llámeme más tarde, estoy ocupado”. Y me dice que esto lo hace porque se preocupa por su negocio y por sus clientes, y que me vuelve a contactar mañana. Es la cuarta vez que me llama esta semana y comprenderás que empieza a ser muy molesto. Ya, ya sé que no es culpa tuya pero vosotros como empresa tenéis que tener control sobre estas cosas. Al fin y al cabo yo he hecho el pedido en vuestra página web.

No, él no es agresivo. No me ha amenazado. Es lo que te comentaba, si hasta parece un buen hombre pero, claro, tampoco es lo más normal del mundo. Además el tipo tiene mi dirección y mi nombre. Sí, pero ¿me entiendes? Yo no sé si este hombre está loco o qué, que no lo parece, pero claro, podría estarlo, ¿no?

Nada, lo que te he comentado. Ya había pedido comida en su restaurante a través de vosotros antes y todo bien. Si ya te digo, si es que además es que está buena la comida. El viernes pedí un calzone individual y al ver que después de un buen rato no llegaba decidí llamar. Me respondió una chica. Me dijo “Ah, vale, ahora te lo enviamos” y ya está. Veinte minutos después el repartidor llamó al interfono.

Creo que eso es lo que más me molestó. Que si no llego a llamar hubiera esperado todavía más. Hasta me dio rabia que llegara tan rápido después de mi segunda llamada, porque seguro que adelanté a alguien que llevaba más tiempo esperando pero no quiso insistir.

Vale, espero.

Hola. Sí, sí, la comida bien. A ver, no sé si te has comido un calzone a las 23:46 teniendo que trabajar al día siguiente, tampoco es ideal. No, es lo que le comentaba a tu compañera, que no quiero hacer una queja del restaurante, quiero simplemente que el dueño me deje de llamar.

Cuando os escribí la reseña dije eso, que habían tardado dos horas. En “entrega” les puntué una estrella sobre cinco. Pero el resto normal, con cuatro estrellas sobre cinco, para que veas que tampoco era a malas o ensañándome. Pues desde entonces me llama casi cada día el dueño.

No, no sé qué quiere. Le digo que estoy trabajando y que me llame más tarde. Pues qué me va a decir, que vale. Pero yo no quiero ningún problema. Si vosotros me preguntáis qué tal el pedido, pues yo respondo al email y doy mi opinión. Pero claro, si me avisáis de que me va a llamar el dueño del restaurante que además tiene mi dirección, a debatir la reseña, igual me lo pienso, ¿sabes?

Vale. Me espero.

Ah, ¿en serio? ¿Y qué ha dicho? ¿Un descuento? ¿Y para eso tanta insistencia? Vale, pues sí. Sí, claro que lo acepto. ¿Sabes si es válido para el calzone individual?

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